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TARRAGONA DEPORTES Lo que durante muchos minutos pareció que iba a ser el debut inmejorable del Nàstic se acabó torciendo anoche en Tenerife en dos minutos de locura y pájara del equipo tarraconense: los granas habían remontado el 1-0 inicial de Nino tras un muy buen segundo tiempo. Ganaban por 1-2, tenían el balón y apenas quedaban cinco minutos para acabar el choque. Pero un balón perdido en medio campo propició el 2-2 y, sólo dos minutos después, en la enésima jugada polémica con el Nàstic como perjudicado por el presunto error arbitral, llegaría el 3-2. Los granas, que acabaron con Mingo, Ferrando y Latasa expulsados y con un penalti en contra, pidieron falta sobre Rubén Pérez en esa jugada del 3-2, pero Hevia Obras concedió el gol y entre los errores propios y ajenos se estropeó un debut que se antojaba excelente. Y, de hecho, en cuanto a sensaciones así debe ser entendida la imagen del equipo, fallos puntuales aparte. De inicio, al equipo de César Ferrando le costó algunos minutos asentarse sobre el césped del Heliodoro Rodríguez. Los locales comenzaron la primera parte más enchufados, llevados en volandas por el ambiente y las expectativas que se han generado alrededor del equipo tinerfeño. Las ofensivas canarias seguían siempre un mismo patrón: el ataque por banda derecha, donde Bertran y Alfaro anduvieron inspirados, y los centros de éstos buscando a Nino. Por suerte, un elemento inesperado se interpuso en el guión: Rubén Pérez. El meta aragonés estuvo espléndido en hasta cuatro intervenciones, tres de ellas ante remates del goleador almeriense. En el 3’, Nino ya había disparo tras un centro de Marc Bertran, pero Rubén detuvo. Lo mismo en el 11’, en el 24’, y de nuevo en el 32’, aunque en éste último caso el remate no había sido de Nino, sino la asistencia: el cabezazo final fue de Richi. Dominio sin apuros Pese a esa insistencia ofensiva durante toda la primera parte, lo cierto es que el asedio apenas duró unos minutos y, conforme pasó el tiempo, los ataques del Tenerife se volvieron cada vez más esporádicos. Los primeros minutos de dominio local dieron paso, hacia el cuarto de hora, a un Nàstic más serio y seguro de sí mismo. Liderado por un Jandro imprescindible y con un Redondo activo en la generación de alternativas de ataque, el equipo tarraconense adelantó las líneas y comenzó a robar cada vez más cerca del arco de Luis García. Costó convertir esa nueva imagen granate en ocasiones, pero la sensación de peligro fue relativamente constante. El primer disparo a puerta llegó en el 20’, surgido precisamente de las botas del asturiano. Nada especial. Más bien desviado. Pero fue un aviso. El primero. Es verdad que Nino también iba dando su aviso aproximadamente cada diez minutos. Pero el equipo tarraconense, ahora, sí daba la impresión de poder llevarse el partido. Diez minutos después, en el 30’, este nuevo Nàstic dominador y seguro de sí mismo volvía a dar un susto al Heliodoro. Un centro de Campano que Moisés cabeceaba fuera, víctima probable de un empujón que pudo ser penalti. Lo fuese o no, había llegado la primera ocasión de gol. Sin embargo, ni un equipo ni otro habían logrado inaugurar el marcador en los primeros 45 minutos, a pesar de haberse mostrado capaces de ello. Hasta que, en el descuento, llegó el primer momento desgraciado de la noche: Diop llegó tarde al cruce dentro del área y cometió penalti. Nino, esta vez, sí superó a Rubén Pérez, y puso el 1-0 en el marcador justo al tiempo que Hevia señalaba el descanso. César Ferrando y Quique Latasa, enfadados por la forma en que los suyos habían encajado el gol y, sobre todo, porque un cuarto de hora antes el colegiado no había señalado ese posible penalti sobre Moisés, protestaron hasta que fueron expulsados. La estrategia funciona La reanudación fue aún más desquiciante. Pronto, muy pronto, empató el Nàstic y compensó el exceso de premio que suponía el 1-0 para el Tenerife. Una falta botada por Campano desde la banda a los dos minutos de la reanudación la cabeceó Moisés, como él sabe, para igualar la batalla. Ese gol terminó de convencer a los tarraconenses de que estaban jugando el partido que debían, de que el penalti había sido sólo un accidente.Grave, pero enmendable. Así que se pusieron a jugar aún más sueltos, más confiados. Quisieron el balón y lo tuvieron y, aunque el cansancio hizo que esta segunda mitad fuese algo más lenta y torpe que la primera por ambos bandos, se intuía que si alguien podía hacer el segundo gol, ése era el Nàstic. A los granas sólo les faltaba esa pizca de suerte para que el centro encontrase rematador, para que el pase entre líneas fuese correspondido con un desmarque. Así que el tiempo fue pasando con llegadas peligrosas pero sin ocasiones, todo ello de nuevo bajo la dirección de un Jandro rejuvenecido y espléndido. Hasta que, de falta y ya con Víctor sobre el césped, Arpón iba a hacer el 1-2. Envió un centro chut que el ariete balear, en vez de rematar, dejó pasar despistando así a Luis García. Corría el 70’ y el Nàstic ganaba. Los siguientes minutos mostraron la mejor versión de los granas, que se gustaron al primer toque y dejaron pasar el tiempo sin apuros, escondiendo el balón y buscando el tercero. Incluso llegaron a pedir la expulsión de Pablo Sicilia por cortar con la mano una jugada de Arpón que, de no ser por esa infracción, le habría dejado solo ante el meta local. Pero Hevia Obras mostró sólo amarilla. De modo que se llegó a los últimos minutos con el mismo escenario: el Nàstic, cómodo y tranquilo, saboreando el triunfo inminente. Pero David Bauzá perdió aquel balón, llegó el contraataque y el 2-2 de Ángel. Y, algo después, nadie rechazó aquel córner y, con falta al portero o no, Ángel ponía el 3-2 y empañaba de la forma más cruel la imagen de un buen Nàstic que ayer mereció más. Mucho más. Pero los errores se pagan. Textos tomados del periódico online diari de tarragona. com
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