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RUTA MODERNISTA
INTRODUCCIÓN La presente guía pretende acercarnos a una parte del legado modernista diseminado por la ciudad que requiere la complicidad del visitante para revelar toda su poética y belleza. A través de este itinerario se pueden entrever las líneas, las preferencias y la sociedad que acogió la estética modernista para decorar, entre otras cosas, sus casas, sus lugares de ocio o de trabajo o sus objetos de culto. TARRAGONA EN LOS AÑOS DEL MODERNISMO La ciudad que vivió los años del modernismo era una capital económica y socialmente bastante cerrada. En el año 1896 contaba con unos veinte mil habitantes, que en 1923 llegarían a veintisiete mil, aproximadamente. A finales del siglo xix, los payeses de los pueblos que rodeaban la ciudad se apresuraban a arrancar las viñas afectadas por la filoxera y a plantar de nuevo almendros y avellanos que quizás les proporcionarían la estabilidad económica perdida a raíz de aquella plaga. En la ciudad de Tarragona, sin embargo, las estadísticas sobre industria de las primeras décadas del siglo xx hablan del bajo número de fábricas que había ante el auge que registraban otros núcleos cercanos como Reus o Valls. En la capital la actividad económica registraba un ritmo bastante distinto; Tarragona dependía básicamente del comercio portuario, que se consolidaría y se haría más vivo gracias a la activación del ferrocarril. Hacia la segunda década de 1900 la capital continuaba volcada en el movimiento del puerto y de la exportación agrícola, en concreto del aceite, el vino y las avellanas. En 1922 Tarragona experimentó una grave crisis económica: los productos que enviaba el puerto no se podían vender en los mercados extranjeros, problema que ahogó a las destilerías, una de las principales industrias que daba trabajo a la mano de obra y a sus primeros productores. El puerto siempre sería, décadas después, el principal motor de desarrollo tarraconense y el nexo entre campo y ciudad. El modernismo que se gestó en Tarragona fue moderado, señorial, refinado, poco amante de transgresiones estéticas, y manifestó un eclecticismo también bastante suave; el arte rezumaba el clima económico y social de sus comitentes. Las pautas estéticas nacidas a finales del siglo xix se prolongarían en la capital muchos años más que en otros núcleos cercanos. En lo que a urbanismo se refiere, Tarragona necesitaba nuevo espacio para edificar; entre los años 1860 y 1890 se construyen la Rambla y la calle Unió, que unía el núcleo antiguo de la ciudad con la zona del puerto. La Rambla funcionó para los peatones como pasarela de contemplación de un buen número de edificios modernistas que se levantaban en ella. Desde finales del siglo xix hasta principios de la década de 1920 la ciudad fue objeto de tres planes de ensanche, que son los trazados que definen el dibujo de las calles principales de Tarragona. La lista de los arquitectos, foráneos o naturales de Tarragona, que trabajaron en la ciudad en aquellas décadas fue larga, sólida y selecta: destacan Antoni Gaudí i Cornet, Josep Maria Jujol i Gibert, Lluís Domènech i Montaner, Ramon Salas i Ricomà, Josep Maria Pujol i de Barberà, Pau Monguió i Segura, Alfons Barba Miracle, Bernadí Martorell i Puig o Juli Maria Fossas i Martínez, entre otros. La vida artística, a pesar de ciertos problemas económicos o políticos que se vivieron en aquellas décadas, no se detuvo; Tarragona puede hablar con orgullo de escultores como Julio Antonio, Carles Mani i Roig, Andreu Aleu i Teixidor, Feliu Ferrer i Galceran, Josep Verderol Espoy o Fèlix Ribas. En pintura también debe reconocerse la obra de Hermenegild Vallvé Virgili, Antoni Torres Fuster, Ignasi Mallol i Casanovas, etc. Los tarraconenses tenían diversos teatros como el Teatro Principal, el Coliseo Mundial o el Ateneo Tarraconense de la Clase Obrera, aunque tampoco faltaban otras sociedades recreativas como el Centro Catalán, Fomento de Tarragona, Renacimiento, etc., que pronto se rendirían a los encantos de las primeras representaciones cinematográficas. Tarragona, en las décadas del modernismo, nunca dejó de hermanarse cultural y artísticamente con el resto de ciudades de Cataluña.
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