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RUTA MEDIEVAL Introducción Tarragona conserva destacables monumentos de su pasado medieval, y a la importancia que logran los restos romanos hace falta sumar el patrimonio artístico medieval, encabezado por la Catedral, que constituye un conjunto muy notable. El objetivo de esta ruta es darlo a conocer, enlazando los diferentes monumentos en una ruta turística. Historia La Tarragona visigótica termina con la conquista de la ciudad por los árabes sobre el año 713. Empieza entonces un período oscuro, del cual no se conserva documentación, en el cual la ciudad quedó prácticamente abandonada. Su misma ubicación, en tierra de frontera entre cristianos y musulmanes, provocaba una inseguridad que no contribuía en nada a una repoblación efectiva. La situación cambió en el siglo XI, con la expansión cristiana hacia las tierras del Bajo Gaià. En el año 1118 el conde Ramón Berenguer III concedió la ciudad y su territorio al obispo de Barcelona Olegario y a sus sucesores. En el año 1129 Olegario cedió la ciudad a un mercenario normando, Roberto Bordet, que fue nombrado “príncipe de Tarragona”. Fue así como se hizo efectiva la primera repoblación de Tarragona que se consolidó alrededor del castillo que construyó Roberto, todavía conservado parcialmente –el castillo del Rey–. En 1146 empezó la edificación del castillo del Patriarca, residencia del arzobispo, y unos años más tarde, de la Catedral, hecho que propició la formación de una acrópolis eclesiástica y de un área urbana bajo jurisdicción arzobispal que completaba el núcleo aglutinado al amparo del castillo normando. Las relaciones entre los respectivos sucesores del príncipe y del arzobispo se fueron deteriorando. Este hecho, junto con una creciente intervención del conde de Barcelona, desembocó en una ruptura de relaciones y en la fuga definitiva de la familia normanda en 1171. De esta manera, el arzobispo se convertía en el verdadero señor de Tarragona y las propiedades y prerrogativas del príncipe pasaban a manos reales. Se puede decir que a finales del siglo XII Tarragona ya era una ciudad bien consolidada de la cual dependía un amplio territorio. A lo largo del siglo siguiente fue creciendo, bien delimitada por la muralla romana y por el “Muro Viejo”, una muralla construida en el siglo XII sobre el fuerte muro romano que separaba el foro provincial del circo. La antigua área del circo era un espacio suburbano mínimamente poblado y destinado sobre todo a actividades comerciales, que no se incorporó definitivamente hasta el 1368, con la construcción de la “Muralleta”. El poder económico de algunos sectores de la población, cada vez más importante, comportó una lucha para conseguir también un poder político creciente. Fue una lucha a menudo marcada por conflictos con el arzobispo, el Capítulo catedralicio y el rey. Las funciones del consejo de ciudadanos se fueron incrementando hasta que en 1336 se produjo una organización municipal definitiva, con una estructura formada por consejeros, cónsules y otros cargos menores. La mitad del siglo XIV marca un punto de inflexión en la historia de la ciudad y empieza una época de decadencia que siguió a lo largo del siglo XV. La llegada de la Peste Negra en 1348 provocó una alta mortalidad y los sucesivos rebrotes causaron una crisis demográfica que a la vez desembocó en una grave crisis económica. Además, el episodio de la guerra civil catalana entre el rey Juan II y la Generalitat comportó más perjuicios para la ciudad. El arzobispo se alineó con el bando real, mientras el Consejo municipal lo hacía con la Generalitat. En 1462 las tropas del rey sitiaron Tarragona, que se rindió al cabo de dos semanas. La guerra dejó la ciudad muy dañada y la municipalidad se declaró en quiebra. La sociedad medieval tarraconense se estructuraba en una serie de estamentos, por encima de los cuales había los dos señores feudales: el arzobispo como verdadero señor, y el rey que actuaba mediante un veguer. El arzobispo disfrutaba de unos privilegios que determinaron el desarrollo de un importante estamento religioso con dos centros de poder: el arzobispo por un lado y el Capítulo catedralicio por el otro. Por debajo de los señores se encontraban la nobleza, que tuvo una escasa participación en la vida económica de la ciudad, y la burguesía, que fue ganando fuerza con el tiempo y se hizo muy pronto con el gobierno municipal. En el estamento inferior se encontraba la gran mayoría de la población, formada por labradores, pescadores, artesanos, etc. Los trabajadores se agrupaban en gremios para defender conjuntamente los propios intereses y se concentraban a menudo en calles concretas, hecho que ha determinado numerosos nombres de calles actuales: Ferrers (herreros), Calderers (caldereros), Cuirateries (pellejerías), etc. Finalmente, los judíos vivían en un barrio singular, la judería, situado en las proximidades del castillo del Rey.
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